RESPONSABILIDAD AFECTIVA

 La responsabilidad afectiva no es nada nuevo, nada que no conozcamos, con otras palabras lo dijo Ulpiano allá por el 200 d.c en uno de sus famosos principios: “alterum non laedere” (no dañar a otro) y no, no lo publicó en una historia de Instagram. ¿Por qué hablar de responsabilidad afectiva entonces? Primero lo primero, podemos definirla como el respeto acotado al ámbito de las relaciones sexo-afectivas, implica hacerse cargo de las consecuencias que nuestro accionar puede tener en los sentimientos ajenos y propios. Por lo tanto es un concepto totalmente aplicable a casi todas las relaciones, puesto que es una conducta esperable de cualquier miembro en cualquier sociedad, ¿de acuerdo?  Ahora bien, hablamos  de responsabilidad afectiva porque aunque intrínsecamente constituye un viejo valor social, adquirió un nuevo envase, la  modernidad  radica en su origen, apareció como válvula de regulación moral precisamente de vínculos «modernos». Muchas personas aprovechan las dinámicas que ofrecen el amor libre, las relaciones abiertas, el poliamor, entre otras hierbas, para no asumir ningún tipo  de compromiso, para ser faltos de empatía, o en criollo, para cagarse en los sentimientos de los demás.  La responsabilidad afectiva llegó así para dotar de ética a la práctica del amor libre, tan hermoso en la teoría. 

 

Es que no podemos pensar en el ejercicio de nuestra libertad sin considerar la existencia de un otro igualmente libre.

Hemos de agregar que no fue dificil adoptar esta nueva terminología porque amamos modificar nuestro vocabulario y subirnos a cualquier tren de jergas que pase. 

  ¿Y ustedes qué tan responsables afectivamente son??

1 comentario en “RESPONSABILIDAD AFECTIVA”

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