HABLEMOS DE DEPILACIÓN

 Si dejarnos crecer el vello de las piernas, axilas y genitales constituye un acto de rebeldía, una especie de bandera feminista, ha de ser porque la depilación representa lo hegemónico, el status quo ¿o no?

 Basta mirar a nuestro alrededor para percibir que vivimos rodeados de contenidos donde lo estético y lo erótico se representa mediante cuerpos depilados. En este contexto no es extraño que una joven se rasure en el baño de una estación de servicio a las 6:00 a.m porque le ha surgido una propuesta de sexo ocasional y no se encuentra preparada  (depilada), tampoco es extraño que cuando la depiladora nos cancela el turno previo a una cita, también nosotras  cancelemos nuestro encuentro.

  Pero ¡alto ahí locas! El mercado nos ofrece aquello que nosotras deseamos, no fue hasta que las mujeres afrodescendientes comenzaron a sentirse orgullosas de su cabello rizado que la industria de la belleza comenzó a ofrecer variedad de productos para rulos, por ejemplo.

 La intención de este texto no es realizar una crítica a los ideales de belleza imperantes, sino una invitación a  reflexionar, a volvernos quizás un poco más conscientes del entramado que se esconde en nuestras maneras de vivir la vida.

 Para empezar es necesario saber que la depilación tiene larga data, existe desde la prehistoria. Se han encontrado en las cuevas, piedras con filo que se utilizaban para que los hombres se quitaran el vello de la cara ( totalmente chequeado), los griegos consideraban al cuerpo depilado un ideal de belleza, juventud e inocencia y las romanas se depilaban desde la adolescencia, bueno, las depilaban, porque eran los esclavos quienes se encargaban de dicha labor.  Conclusión, no es un invento capitalista de última hora.

 ¿Qué dice la ciencia respecto a nuestros estimados pelitos? La antropología revela que servían para calentar la zona cuando no teníamos estufas, ni caloventores, así es. Por otra parte, ya se sabe que en la base de los vellos están las glándulas que segregan feromonas y que tales sustancias  estimulan el deseo sexual masculino (¡interesante!), mis amigas lesbianas dirán – y a mi que? pero a ellas les cuento que el vello funciona también como una especie de protección frente a infecciones y enfermedades.

 Así las cosas, podemos decir que la depilación es en esencia resultado de nuestra cultura y no un requerimiento que favorezca nuestras relaciones y nuestro placer.

 Me encantaría que la hirsutofilia, práctica sexual que refiere a la atracción por el vello corporal, deje de ser considerado un fetiche para convertirse en algo normal, al final es la atracción por un cuerpo en su estado natural. 

Para darle un cierre filosófico al asunto, les dejo algunas preguntas: ¿Ven belleza en los cuerpos peludos? ¿Han sentido vergüenza o incomodidad en la intimidad por no estar depiladas? ¿Se han negado ha tener relaciones sexuales solo por este motivo?.

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